Relatos

Bienvenido

Ocho de la tarde, hace tiempo que no nos visitaba un día tan apacible. Fruncimos el ceño para luchar contra la claridad, ya que aquí no existen los contornos nítidos, la atmósfera se podría confundir con la de un cuadro de Turner. Estos momentos suelen ser los idóneos para la creatividad y, sin embargo, hoy me resulta extremadamente difícil describir estos instantes. De este modo, tal vez…: rememora un momento en el que te sintieras verdaderamente a gusto. Ahora rescata su esencia y deposítala en el tren. ¿Dónde estabas?, ¿con quién?, ¿qué hacías? Puedo llegar a empatizar contigo, mas nunca lograrás transmitirme el sentimiento que estás reviviendo. Me ocurre constantemente, y me frustra. «Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo», decía Wittgenstein. Yo, sin embargo (y con cierta aflicción), dudo que las palabras puedan cristalizar los sentimientos, aunque también creo en la magia y en la poesía que puede brotar de las primeras. Desconozco si a ti te gusta este medio de transporte, no sé si has llegado aquí por placer o por obligación; pero te comunico que a mí me apasiona. Han aparecido algunas siluetas en este vagón, me sorprendo porque hasta ahora pensaba que viajábamos solos. Me inquieta el hombre que lee el periódico en uno de los últimos asientos, debe de ser porque lleva un sombrero de bombín y come una manzana. Paradójicamente, estas coincidencias me encantan y me aterrorizan. Por un momento, me pareció escuchar a lo lejos los primeros acordes de mi canción favorita, ahora suena una que no conozco. Giro la cabeza y te observo, por tus ojos brillantes y por tu sonrisa nerviosa intuyo que tú la conoces bien. Me siento frágil en este limbo; mi cuerpo, debilitado, ignoraría cualquier orden que pretendiese darle. Cierro los ojos y respiro profunda y lentamente, disfrutando de la delicada fragancia de este momento. A pesar de que lleve mucho tiempo a bordo, no quiero pisar otro suelo. Hace poco que has subido y dentro de pocas paradas ya te irás; en cambio, yo nunca dejaré este lugar, he construido toda mi vida en él. Recuerdo a varios pasajeros especiales, quizás dentro de unos años tú figures en la lista. Noto que empiezas a estar inquieto, por lo que deduzco que estamos llegando a tu parada. Mientras tú recoges tus pertenencias, yo aprovecho para ordenar las hojas sueltas que se encontraban esparcidas en la mesa. Anoto en la agenda tu nombre y la hora exacta en la que me dices adiós desde el otro lado del cristal. ¿Y ahora qué? Como de costumbre, y de nuevo sola en el vagón, me enfrento a mí misma. El tren da marcha atrás y vuelvo a soñar de nuevo con el pasado, ese tiempo que todos han olvidado.

Advertisements

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s