Microrrelatos

La niña de Fibonacci

La niña de ojos oscuros jugaba con sus amigos en la playa. Le gustaba sentarse en aquel límite entre arena y mar y dejarse mecer por aquella fina capa de agua. De repente contempló cómo surgía, allá en el fondo, una ola enorme, desmesurada. El agua, transparente, le permitió clavar la vista en los pies: no se podía mover. Al lado de su pie derecho vislumbró una caracola perfecta, brillante, que semejaba invocar su mano. La caracola hechizó a la niña. Poco después, una montaña de espuma acabó impactando en el cuerpo de la pequeña, que desapareció en el mar, donde vivió para siempre con la caracola en la mano derecha, con el cuerpo arremolinándose eternamente en forma de espiral.

Todo esto contemplé en pocos segundos, allí, en un museo, bajo el embrujo del cuadro…

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