Microrrelatos

Memorias de un amentalista

Medusa dejó una serpiente en distintas ciudades del mundo. Los colores de todas las frutas se despidieron en medio de un remolino. El globo azul de Margot explotó y el helio se dispersó, confuso. Fuimos el resultado de la separación; nos desencontramos.

Y a partir de entonces enlazamos nuestros conocimientos: tejimos irracionalidades. Luchamos contra los argumentos lógicos y vivimos en continua contrariedad. A veces nuestros ojos redujeron la marcha, pero nuestra boca, al contrario que la de ellos, nunca echó el freno; saboreamos cada bache. Defendimos la inocencia y el misterio inherente a la esencia de todo elemento, lo cuestionamos todo hasta enloquecer, lo que nos permitió mantenernos con vida mientras existíamos. Nos regocijamos en la alteración. Pintamos, pero no con colores, la página en blanco por la que caminamos. Desentonábamos en todas las conversaciones, pero nuestra melodía resultaba mucho más constructiva que las suyas. Añadíamos palabras a las numerosas oraciones inconclusas, y dibujábamos el punto al principio. Para vivir el presente nos sumergimos en el pasado, y solo salíamos a la superficie para saludar de vez en cuando. Provocamos mareas, y en las olas nos bañamos.

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