Colaboraciones · Poesía

El baile (por si acaso algún día en mi memoria…)

Te observo
mientras tus dedos
golpean las locas teclas de un piano
que danzan furiosas al son de un jazz mortal.

Reposado en la banqueta
te invade la esencia de un rostro isabelino
impregnado en aquel aroma a lavandas
del que ella nunca disfrutó.

El techo libera gotas de café
que humedecen tus labios
y a raíz de su amargura
brota la necesidad de tu paladar.

A tu alrededor, en corro,
brincan arrítmicamente niños
con piel de acento mudéjar,
con títeres suspendidos
de sus flacos brazos.
La tétrica estampa esconde cierto dulzor.

El calor se cuela bajo la ampulosidad
de todos los ropajes.
Solo yo permanezco fría en la distancia:
esta fotografía se revela
a través de mi imaginación.

Te crees dominador de la melodía,
te sabes rey de esta casa de cal
con tu corona de flores inéditas.
Desconoces que la tragedia
se acerca al galope.

De repente, el agua deja de fluir en el hogar.
Los niños, asustados, se evaporan con su circo.
Todo calla.

(…)

De la embestida solo quedan
las ruinas del silencio,
pero se extraerán los versos de tu boca
y se bailará.
Se bailará.

Permanezco gélida
dentro de esta imagen inexistente
(la mente mejor siempre fría)
y por si acaso algún día la instantánea
se ahoga en mi memoria
me levanto y me imagino
cerca, muy cerca de ti,
le entrego mi mano a tus versos
y acepto su invitación.

Poema incluido en el número 29 de la revista Obituario, dedicado a Federico García Lorca.

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