Piezas de la realidad · Relatos

Piezas de la realidad – El señor Branset

El día cinco de enero del año que acababa de ponerse en marcha, ellos habían quedado en una cafetería a las cinco y media de la tarde. Él había llegado a la hora exacta. Ella le había llamado para avisarle de que se retrasaría algunos minutos: la ciudad estaba colapsada por el simple motivo de que la mayoría de sus habitantes habían decidido comprar los regalos de Reyes a última hora, a la misma hora. Mientras él la esperaba con el paraguas colgado del antebrazo, ella se aproximaba al punto de reunión con una torpeza causada por su excesiva prisa y con un paraguas carente de funcionalidad. La lluvia había cesado, pero ella parecía ser la única que no se había dado cuenta en aquel rincón de la ciudad.

Se sentaron en una de las mesas de madera situadas en el pórtico de aquel pintoresco club del café y comenzaron a charlar destendidamente. Temas recurrentes: poesía, literatura, escritura, sociedad y curiosidades varias. Fue aquella una conversación dulce, inspiradora para ambos, amena, necesaria. Entre todo lo relatado, ella se quedó prendada de la historia de amor que aquel hombre le narró con una pasión y una emoción tan visibles como contagiosas. De hecho, al analizarla, la muchacha la consideró un buen argumento para una novela que, por lo menos a su juicio, no podría pasar desapercibida: él se había presentado ante su actual esposa con el nombre de Branset (esta palabra había activado la imaginación de la joven, quien inmediatamente había dibujado en la cara del hombre que tenía en frente bigote, monóculo y sombrero de bombín). A él siempre le habían gustado los sobrenombres, y en determinado momento de su vida decidió que había llegado la hora de concederse uno. Tras componer varias palabras con diversas letras de su nombre real, Branset se proclamó vencedor. Al principio, él no había despertado en la mujer en cuestión ni el más mínimo interés. Sin embargo, a través de diversas astucias, el señor Branset consiguió que ella se mostrase interesada por averiguar, en primera instancia, su verdadero nombre. Entre otras cosas, él se había documentado sobre sus gustos a través de varias vías y le había hecho llegar pequeños detalles de forma anónima (sin embargo, siempre figuraba en alguna parte del papel que los envolvía una inicial escrita en letra mayúscula: B). El hombre, al volverse sabedor de que aquella preciosa mujer era amante del ballet, incluso había llegado a alquilar el VHS de El lago de los cisnes con el objetivo de aprenderse algún fragmento de la coreografía del personaje del cisne y, vestido con un disfraz completamente improvisado, con un tutú confeccionado en papel de baño de dos capas, y con un radiocasette en la mano, se había personado en la casa de ella y había llamado a la puerta. Cuando esta se abrió, pulsó el botón de play y se dispuso a hacer el mayor ridículo de su vida y, a la vez, el que más satisfacción le produjo jamás. Cuando, pasados unos minutos, se atrevió a contemplar la cara de la mujer, observó en ella una expresión divertida. Esa noche había supuesto el inicio de todo.

La joven, que en aquella cafetería tenía el placer de degustar, por un lado, la dulzura del descafeinado con leche en el que había vertido una cantidad considerable de azúcar y, por otra, la inherente a aquella bonita historia, no dejaba de saborear lentamente todas las palabras que expulsaba delicadamente la sabia boca de su compañero de mesa. Por todo lo que este le relató sobre su vida conyugal, ella dedujo que la relación que aquel hombre mantenía con su mujer era totalmente sincera, completamente enriquecedora, increíblemente tierna, escandalosamente pura. Al llegar a casa, intentaría introducir las enseñanzas sobre las relaciones que había absorbido durante aquella breve conversación en la suya propia. A pesar de su juventud, ella le temía al paso del tiempo, al influjo de la gravedad y a la lentitud sobre la vida. Sin embargo, él, el señor Branset, a través de unas frases tajantemente reveladoras, le había hecho comprender que el hecho de que el barco en el que viajan juntos dos personas envejezca y disminuya su velocidad debe ser considerado un evento digno de celebración, ya que los navegantes se encontrarán con diversos elementos que les impulsará a celebrar la dilatación del tiempo y a gozar de la suave quietud del río. Además, el señor Branset también le regaló a la muchacha la idea de que será en ese momento cuando se hará más necesario que nunca acariciar la otra piel del otro; una piel que, de repente, se percibirá más íntegra, más real, más sabia, más rica y más gozosa.

Sin duda alguna, aquella conversación introdujo en la joven una nueva forma de mirar. Cuando esta se encontraba ya de camino al aparcamiento, observó que en la entrada del teatro principal de la ciudad figuraba un cartel que anunciaba una futura representación de la obra maestra de Tchaikovsky. Sonrió. Apuntó en su agenda mental que al: «Comprar dos entradas». Tenía muchas ganas de disfrutar de aquella pieza en compañía de su pareja. Allí, los dos se encontrarían, sin lugar a dudas, con el señor Branset y su esposa, a la que se moría de ganas por conocer.

En otro plano, mientras la joven dejaba atrás el teatro, el señor Branset introducía una llave en la ranura de la puerta principal de su piso. Luego depositó el llavero en el mueble de la entrada, se descalzó y entró en la habitación principal para cambiar los zapatos por unas zapatillas. Se sentó en una de las esquinas inferiores de la cama, apoyó en sus muslos sus codos y su cabeza en las palmas de sus manos. Se quedó allí, completamente inmóvil, durante un buen tiempo. Tenía que encontrar dentro de sí mismo el motivo de la necesidad de tanta mentira. El señor Branset nunca había dormido dos noches seguidas con la misma mujer. Aquella cama, al igual que su corazón, no tenía en absoluto la medida de un matrimonio.

Advertisements

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s