Colaboraciones · Poesía

El juego de los cuerpos

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La habitación de Francesa es el único refugio
donde la pequeña se divierte con comodidad.

El juego comienza cuando la niña se arrincona
en una esquina y comienza a destilar
su propia esencia:
expulsa siluetas, cuerpos borrosos,
infinitos reflejos de la turbidez
de su espíritu.

Luego se levanta para desvestir los cuerpos invocados
y los degusta en su cuarto también desabrigado.
Sus propias corporeidades internas
son sus únicos amigos,
siempre evanescentes.

El juego consiste en dialogar
sobre la subjetividad de la belleza,
llegar a un acuerdo y componerla
dentro de la estancia.

En determinado momento,
Francesca se extrae del ballet inmóvil,
se instala ante la belleza y
la aprisiona en su retina.

El juego finaliza cuando, tras la captura,
el éxtasis de la pequeña se contrae,
los cuerpos la abandonan
y dejan la habitación totalmente desnuda
y fría.

En ese instante, ella le muestra
al espectador la puerta abierta,
pero nunca la traspasa porque
le teme al otro lado.

La pequeña Francesca, para calentarse,
revela sus fotografías oculares,
las inserta en su paladar,
regresa a su rincón
y el juego se reactiva.

Poema incluido en el número 34 de la revista Obituario, dedicado a Francesca Woodman.

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