Instintos básicos · Relatos

Cuerpo de swing

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Siempre se han burlado de los mares de inseguridad que abrigan mi interior. Ninguno de ellos se ha interesado jamás por la composición del agua a la que le tarareo cada noche. La ira que salía de sus bocas adoptaba la forma de cientos de flechas que tenían como objetivo una única presa: mi cuerpo. Tras cada ataque, yo solía acurrucarme en la oscuridad y cantarle a mis adentros para apaciguar la tormenta que los animales accionaban.

No conozco poro intacto. Tampoco me acuerdo de cuándo dieron comienzo los cantos. Lo que sí recuerdo es que estaba dispuesta a abrir mi cuerpo en canal y entregarles la carne despreciada. Estaba dispuesta a que devoraran toda la masa que según ellos desencajaba de mí, a aceptar los recortes de sus bocas, a negar mi alimento con el único objetivo de encajar en la frialdad de su molde.

Estaba dispuesta. Pero ya no. Esta habitación me ha enseñado a percibir la armonía de mis mareas y a entregar mi cuerpo solo a aquellos que gozan de su danza. A partir de ahora, recibiré con gusto a buenos o a pésimos nadadores que se muestren dispuestos a sumergirse en lo más profundo de mi ser y a convertir incluso el fondo en la más dulce pista de baile. Percibo como nadie la estructura de un buen swing. Hoy se me ha instalado el ritmo en la barriga. Hoy, mi cuerpo tiene sed de baile.

Texto escrito para o proxecto Instintos básicos. Fotografía: Fran Cortizo

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